sábado, 23 de marzo de 2013

Gerardo Molina


-Canelones, Uruguay-

Por el Camino Real...

Por el Camino Real iba mi padre
-silbo en los labios, luz en la mirada-
prestancia campesina, gentilhombre
en otro tiempo de pasión y hazañas.

¡Y era linda mi madre! Como un sueño
de esos que al despertar pueblan el alma
de infinitos celajes de ternura
como una intensa y única alborada.

Iba mi padre, silbo entre los labios,
por la tarde que crece -azul y gualda-
de perfumes intensos. El labriego
va redondeando el seno de las parvas.

En azules regiones de misterio
aún vagaba mi alma
para alumbrar, al fin, cuando el lucero
recompone la música del alba.

Y allí cerca nací, con un destino:
noviado del amor y la palabra,
romero impenitente
y pródigo en la vida y en las aulas.

Con un rezo en los labios se ha dormido
mi madre. Y, dulce novia, su mañana
teje en un sueño de jazmín y estrella
y de un sencillo hogar junto a la chacra.

Por el Camino Real vuelve mi padre
y en su silbo acrecido de esperanzas
el alma, toda miel, aflora y ríe.
Un silencio de estrellas le acompaña.


El mate amargo      

¡Qué dulzura sin par la del amargo!
Para gustar su líquida fortuna,
Atesorar su redondez de luna,
Sus estrellas dormidas, hay un largo 

Camino de experiencia y sin embargo
Igual se brinda, límpido como una
Cantarina fragancia de laguna.
¡Qué dulzura sin par la del amargo!

¿Quién no le busca al alba o a la tarde?
cuando principia a arder y cuando arde
El día con sus dones y querellas.

En su ropaje mi ensoñar envuelvo 
Y al fin del viaje cotidiano vuelvo 
Rico de redondeces y de estrellas.

Camino de las Altas Cumbres, Córdoba, Argentina, 25 de octubre de 2001


El Rancho

Como manos que se unen para el rezo
su techo primitivo presupone
un corazón cristiano donde pone
el campesino albor su primer beso.

Parte entonces la grey y queda opreso
de un fervor casi humano que traspone
su cuerpo de terrón con que dispone
la ternura del pan a su regreso

Llega la hora nocturnal, serena,
un aroma frutal llama a la cena
mientras reasume su actitud de rezo.

Una gran flor protege su contorno
y en seráfica paz ensaya el horno
tras de la fronda, su postrer bostezo.


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El lugar que amamos, ése es nuestro hogar; un hogar que nuestros pies pueden abandonar, pero no nuestros corazones.
Oliver Wendell Holmes

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6 comentarios:

  1. "...¡Qué dulzura sin par la del amargo!...", cantándole a las cosas propias de la usanza criolla de nuestra tierra, Argentina...Hermoso homenaje...

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    1. Gracias por tus conceptos, querida amiga Graciela. También me encantó esa frase. Y sabés que este buen escritor ha tenido la generosidad de incluir dos textos míos en la Página Literaria del diario impreso y digital "Hoy Canelones", de Uruguay :-)
      Cariños
      Analía

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  2. Qué hermoso recuerdo se abre en abanico en mi corazón.
    Amargo..., Amargo fue un niño que pasó con su madre por la ventana donde Federico García Lorca tenía su mea escritorio, una mañana por el pueblo de Valderrubio (Granada- España), sobre los años 1933.
    Ella le decía a su niño: Amargo no corras espérame. Y Federico nuestro poeta salió y le dijo a dicha mujer:
    ¡Porque le llama usted Amargo a su hijo...! y ella le contesto: Es que al niño le amarga un poquillo el aliento.

    Un saludo

    Antonio

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    1. Gracias por tu lectura y por compartir esta anécdota, Antonio.
      Aquí en Argentina y Uruguay -países con cultura matera-, cuando hablamos de "el amargo" nos referimos al mate amargo: prefiero amargo, dame un amargo, para mí amargo. Es un sabor fuerte, especial, algunos dicen que es el sabor del verdadero mate.
      Me causa gracia esto de que al niño le "amargaba" el aliento.
      Saludos cordiales, Antonio, gracias por pasar por aquí
      Analía

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  3. Esto es disfrutar la vida y los recuerdos en enlaces de palabras intensos y dulces a la vez.
    Un gusto leerlos.
    Betty Badaui

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    1. Gracias por tu lectura, querida Betty.
      Saluditos
      Analía

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Muchas gracias por pasar por aquí.
Deseo hayas disfrutado de los textos seleccionados en esta revista literaria digital.
Saludos cordiales
Analía Pascaner