miércoles, 23 de enero de 2013

Laura Malatesta


-Nació en San Nicolás de los Arroyos. Reside en Buenos Aires, Argentina-

Credo

                            “Porque somos en flor
                               Y a veces en fruto.”
                                           - K. Gibrán.

Creo en Dios Padre todopoderoso
creador del cielo y de la tierra
y en Jesucristo, su único hijo,
Nuestro Salvador.
Creo en el Espíritu Santo.

Creo en el amor como un estado de Gracia,
como un círculo, como el infinito,
como una bendición que se celebra, se honra,
se cultiva, se respeta,
porque es vida, milagro, completud
y nos hace sentir salvos, iluminados, eternos.
Creo que somos amor en constante creación,
creo que toda la vida consiste en aprehender el Amor,
en todas sus manifestaciones,
con sus elecciones, desafíos, pruebas, misterios y oportunidades

Creo en la amistad como un regalo preciado,
que nos guía, nos enseña, nos sostiene, nos fortalece,
nos ayuda a compartir el camino,
a ver los atajos,
a descubrir rutas nuevas.

Creo en los hijos, de los cuales también aprendemos
más allá de las rabietas y de las canas
Y creo también en su poder aleccionador y en sus bendiciones.

Creo en el arte que nos brinda siempre la oportunidad
de asomarnos a la eternidad,
que nos sana, nos transparenta, nos confronta,
nos define, nos encuentra, nos multiplica,
nos saca del desierto, de la soledad, del infierno,
de la locura, de la muerte misma que nos sucede.

Creo en la poesía, territorio donde fluyo,
me encuentro, me desencuentro, me indago,
me asombro, me defino,
asumo la voz plural
y nos hermanamos.

Creo en el encuentro de las almas que se reúnen para ser sanadas,
libertadas, redimidas, celebradas.
creo en vos, porque te elijo
Y hacemos posible que sucedan los encuentros,
los milagros, el crecimiento, la creación.
Creo porque somos en flor y a veces en fruto, como dice el poeta.

Creo, simple y maravillosamente,
más allá de toda ventura o desventura.
Y este es mi agradecimiento
y mi eterna bendición.

 
Acto propiciatorio
-Poetizando la obra escultórica de la artista Laura Medinilla-

No soy yo la que escribe este poema,
es la esencia, el alma de las obras:
esos rostros trabajados por la vida,
el instante gestual petrificado en la arcilla,
todos esos sentimientos que hicieron posible
la escultura para la aurora y el fuego,
son los conjuros de la tristeza,
la luz que trasciende el abrazo,
el dolor que regresa del quejido,
la lluvia que quedó atrapada en la tierra y en las llamas,
el viento que consumió la savia.
Cuerpos flagelados en el desierto,
hojas secas de un árbol que fue,
grito vegetal acallado en la intemperie,
aroma a melancolía invencible,
pasos que ya no sostienen el quebranto de los días.
Es el amor que siempre es espera
y es completud y es regreso y es sorpresa.

No soy yo la que escribe este poema.
Tampoco es Laura gestando la escultura.
Es el hálito de Dios desde el libro de la vida
convocando el verbo para la creación,
como era en un principio
hasta el fin de los tiempos.

No soy yo la que escribe este poema,
es la poesía misma como acto propiciatorio
desde el devenir espiritual de la escultura,
es la palabra como puesta en circulación de la obra,
giros concéntricos escudriñando el rostro de la humanidad,
la impronta del tiempo en la arcilla, que fue barro y fue luz.

No soy yo la que escribe.
Son las vidas escultóricas
que levantan este poema
también como un acto propiciatorio.
Mis ojos sólo las han visto,
he descifrado sus invocaciones.
Mis manos quieren escudriñarlas,
sentir en la sangre sus latires
y crujir bajo su abrazo de fuego.


Del poemario Los Cristos interiores. Yaguarón Ed., San Nicolás, 2004

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El talento es un don que Dios nos hace en secreto, y que nosotros revelamos sin saberlo.
Montesquieu


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