miércoles, 23 de enero de 2013

Juan de Marsilio


-Montevideo, Uruguay-

Poemas conservadores
(¿y qué?)

1) Tarea

Qué difícil difícil difícil
conservar lo que ya se perdió
añorar lo que acaso ni se tuvo
ser súbdito de reino donde nunca se estuvo
y tal vez ni existió.
Qué triste triste triste
guardar empecinado en los oídos
ecos de un no sé qué que bellamente
acaso nadie nunca quedara balbuciendo.
Qué en vano en vano en vano
gastar día tras día las últimas monedas
en pagar el peaje
ruta del puente roto entre la niebla
con otra realidad en la otra orilla
soñada brevemente o atisbada
hace tiempo una vez
y que era hermosa hermosa hermosa hermosa.


6) Decíamos ayer

Para los más entendidos
ya el título bastara
para poema en homenaje
de la terquedad
las veces que es virtud y no pecado.
Pero cualquiera entenderá
lo que va a continuación:
Decíamos ayer
y salvo en los aspectos
en que la realidad nos desmintiera
continuamos diciéndolo todavía
porque tenemos el buen gusto
de seguir siendo quien somos
en medio a la farsa de este mundo actual
tan light
tan descafeinado.


9) Roncalli&Montini

Yo nací por los años del Concilio…
Así que no es pecado
que añore aquel pasado
y postule
volver unos pasos atrás
a retomar caminos
que tenían delante un futuro
y no este putrefacto
presente sin salida.


12) Tránsito

Un mi amigo
más versado que yo en astronomía
me cuenta
que aunque desde el país no se lo vea
hoy ha de pasar Venus sobre el disco solar
y es por última vez
hasta dentro de un siglo.
Sobre mi corazón siempre transita
y es siempre a tu respecto que me rige y gobierna
esposa de mis noches y mis días.


13) Sin gomina

Sé que soy ya un veterano
(por más que en estos días
se estile la indecencia de hacerse el jovencito
hasta casi ya siendo
sexagenario)
sé bien que soy
un muchacho
de antes.
De los que siempre
cuando teníamos que fajarnos
procurábamos que fuese mano a mano
incluso si era en medio
de una regia piñata general
¡Y cuántas amistades
tuvieron su principio
en aquellos heroicos
ojos en compota
que no volverán!


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Hay tantas cosas que no pueden juzgarse sin el corazón, que si éste falla, la razón debe desatinar necesariamente.
Alexandre Vinet


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