martes, 27 de noviembre de 2012

Miguel Angel Longarini


-9 de Julio, Buenos Aires, Argentina-

¿Quién sabe de mi Atahualpa?
  
¿Quién sabe de mi Atahualpa?
de su gaucho caminar,
embajador argentino
libre como el que más.

Quién sabe dónde andará
con sus coplas y vidalas
acompañando al dolor
de la triste pachamama.

Quién sabe su nuevo rumbo
monte adentro en soledad
amalaya lo supiera
pa’ contarle mi verdad.

Quién sabe su paradero
en qué estrella cantará
Tatita del desamparo
y de tanta argentinidad.

Quién sabe su canto al viento
hasta dónde ha de llegar
bendición hecha palabra
de la montaña hasta el mar.

Quién sabe de su caballo
apero, poncho y guitarra,
galope de tiempo lerdo
con mirada solitaria.

Quién sabe sus enseñanzas
cuántas almas alumbrarán
profecía de los tiempos
pa’ alertar a los demás.

Quién sabe si mi cantar
pequeño, de simple estilo
podrá pintar la grandeza
de un criollo peregrino.

………………………31/01/2008


Ninguneando

Hace tiempo sobrevivo el ninguneo pueblerino
que desata su furia como espada
desde quienes delimitan su zona,
cual perro y su meada.

Nada que se parezca a humildad- se aprecia-
en la gris mirada de quienes ningunean la nada.

Son tiempos donde los imbéciles deciden;
Son tiempos donde brilla la perla de utilería…
y el infeliz anda con su chapa indeleble 
arrastrando su pesada carga día tras día. 
  
El ninguneador se con-forma con ver su nariz,
adorar al mandamás de turno, re-visar sus deberes;
Acompañar la marcha de la decadencia desafinando.
Es un duro oficio el de andar ninguneando;
porque a veces,
el menos-preciado no obedece;
Resiste el azote, sigue en la porfía de escribir,
de gritar, de soñar con la esperanza. 
Y ahí se pudre todo ninguneramente;
El poeta enciende el verbo;
se desboca la palabra que sale como fuego.
Y quema, arde; Acuchilla sin mirar,
revuelve las mismísimas tripas del idiota,
que temeroso y ruin se justifica.

No se crean que es fácil andar armado con palabras;
Sincerarse en las andadas, lucir poemas como balas.
El ningunero… hurgador de ombligos,
separa la mugre que tira al viento
y se queda ahí con su mano tendida,
su sangre de pato; Su vista fija en la nariz
esperando una limosna a su entrega.
Nada sabe del alma del pueblo,
de la mía y la de ustedes.
Es simplemente… un prestado en esta vida.

04/12/08
Nota del autor: Este poema está dedicado a todos los que ostentan el oficio de ninguneador (profesional o de servil nomás).

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Sea como fuese. Volver atrás es imposible. Mi reloj va siempre hacia adelante. La historia también.
Oswald de Andrade

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