martes, 27 de noviembre de 2012

Horacio Laitano


-Pergamino, Buenos Aires, Argentina-


Aislamiento

Al llegar las vacaciones elegía recluirse. Accionaba los cerrojos de la puerta y cerraba las ventanas. No podía soportar los días del verano. Sentía que el sol erosionaba su figura, vaciando de sentido la existencia. Prefería, pese a todo, la rutina del trabajo. Sumergirse en la penumbra del archivo, donde siempre lo aguardaban los papeles… Silenciosos, ordenados y secretos… Incapaces de alterarlo.


Alejamiento

Lo vemos alejarse y ya añoramos su presencia. Sus golpes en el piso, sus ruidos con las manos. Extrañamos además su sonrisa almibarada, sus dientes de manteca. No sabemos aún cuándo regresa, pero apostamos a verlo nuevamente. Tenemos que decirle algunas cosas. Soltar los argumentos que apretamos con los dientes, creyendo que después será distinto.
-Él no quiere volver –aseveran en su casa-. Está cansado de hundirse en los recuerdos.
Nosotros insistimos. Queremos que nos diga finalmente si es verdad que fuimos egoístas.


Suma y resta

Suma y resta sentado en la vereda. Su mujer lo mira desde adentro, mientras abre la ventana y se refresca. La tarde color de berenjena se expande ante sus ojos. Las miradas se cruzan en el aire. Las palabras circulan entre ellos y al final se amontonan en la entrada… Es preciso reordenar el matrimonio. Pasar el plumero por sus hombros y guardarlo después en el ropero. Allí donde conviven las plumas con las telas, que el tiempo transforma en telarañas.


Burocracia necesaria

-Señoras y señores -dijo el ordenanza como todas las mañanas-, no olviden traer los documentos. El trámite comienza cuando ustedes lo dispongan. A medida que se vayan ordenando, el jefe volverá sobre sus pasos. Sus años de trabajo justifican la demora. No es posible que tanta burocracia se diluya en el fragor de la impaciencia. Hay en él un cuidado aprendizaje que debe aprovecharse de algún modo. Un perfil de funcionario responsable que crece con el pulso de la espera. Si no fuera de esta forma, olvidarían su rostro fácilmente.


Anunciante

Cada tanto me dispongo a dar la hora. Me detengo en la vereda de la plaza y preparo mi voz para anunciarla. Siempre observo que se den las condiciones adecuadas. No puedo decir que es la hora de la siesta si nadie reconoce sus probados beneficios. Es absurdo proponerles un descanso entre tanta ansiedad desparramada.


Fugitivo

Ese hombre al que buscan y rebuscan se ha escondido finalmente en su tapera. Allí come y duerme por las noches y destila en soledad sus pensamientos. Cuando el día irrumpe en su guarida, sus ojos le señalan el camino. La luz es su acicate. Una luz acuosa y coloreada donde él chapotea como un niño…
A través de la ventana, su mirada captura las primeras impresiones. Selecciona los colores y las formas, componiendo en su conjunto un simpático abanico.


Un viaje

Lino Unsuaga prepara las maletas. Faltan pocos días para el viaje. Sus brazos se estiran llevados por la prisa, mientras giran sus piernas al compás de los relojes.
-No es un viaje común -les dice a sus amigos-. Ni tampoco es un paseo de rutina. Es algo difícil de explicarles. Consiste en eyectar las propias ilusiones y dejarlas en suspenso por un rato. Después de unos minutos, sentirán un alivio refrescante. El punto de partida más propicio para volver a pensar en otro viaje.


Del libro La reunión de los ausentes. Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, junio 2012

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La ambición se alimenta de todo, hasta de otras ambiciones.
Susan Sontag

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