martes, 27 de noviembre de 2012

Esther González Sánchez


-España-

Concesión

……………………A Rodolfo Virginio Leiro

Poeta Universal:

Después de conocerte
y cercarme el oro de tus templos,
un aire entrecortado
como el discurso azul
que tiembla entre los árboles,
atrinchera costumbres invasoras
de mis dedos en páginas
de orquestales sonetos,
moviéndose en raíces
de lo profundo y denso,
entre alturas de acacias
y pájaros vencidos
que me llevan al vértigo
de azules o al fervor de la madera
que desayuna entre ellos.

Y en esa permanencia
donde tu mano obliga
al color de los verbos, se examina
mi pobreza; me siento voz humilde,
y flota tu distancia de la mía.

Poeta Universal,

¿Con qué abundancias juega
el pulso de tus lluvias?

Desde tu altura amable,
concédeme un tallo de metáfora.


Hace tiempo

Hace tiempo visito
la tristeza de días sin sonido,
que se prefieren solos,
como anemias de empeño funeral
y mieles arrugadas;
y hace tiempo también
que acaricio las cúpulas
de un silencio maduro.
En él se refugió la procesión
de un vino atrás sembrado
guardándose las manos que colgaban
racimos de luz entre mis vides
como si fueran lámparas de uva.
Y fue el último brillo,
-el que apaga y sepulta el temblor de la estrella-
quien pobló en desnudez mi vestidura.

Desde entonces, me cifro en piel de las montañas
después de los incendios, mientras en sueños abro,
tiento, la ocupación de miel de aquellos días
y el collar de sus hebras golpeándome el pecho.


Yo te comparo

Yo te comparo,
Juventud, te comparo
al arroyo que sube del naciente
en el goce de huellas que ya no son de nadie
creciendo a la extensión de estambres juveniles
y declaradas rosas de vientres de milagro.

No pude ocultarme entre tus broches
y atrás quedó
mi temperatura
entre tus manos
para traerme en grave, desvastada
ceremonia, a una íntima verbena
en delgadez de olivas,
-estrato de mi tiempo más reciente-

y también te comparo
a una resurrección
de brisas atrapadas
en pozos de agua dulce
donde se lavan sales
y el sabor de lo triste y lo vacío
o al goce de savia renovada
que en dunas del tiempo
empadrona el color de sus verbenas.


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Es bueno enfrentarse con dificultades en la juventud porque el que no ha sufrido jamás, no ha templado plenamente su carácter.
Yamamoto Tsunetomo

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