sábado, 1 de septiembre de 2012

Elsa Solís Molina

-Nació en Rosario, Santa Fe, Argentina. Reside en Barcelona, España-

La paloma

Hoy he vuelto a ver a una paloma, a la que le di hace unos días, en un descanso de mi caminata, unos pedacitos de chocolate, era lo único que tenía comestible en mi bolso…
¿Y sabes por qué la reconocí?... porque no tenía más que un muñoncito, en una de sus patitas…
La vi por primera vez, en una placita un poco alejada y tranquila, de Barcelona donde se sientan los que, como tú y yo, nos cansamos más rápido…
Hoy, cuando volví a ver como, renqueando, rápida y vivaz, le robaba miguitas a sus compañeras de vida, sonreí en solitario, la seguí por largo rato en sus evoluciones, le envidié el valor, esta vez, la volví a encontrar en unos bancos muy anchos, cerca del mercado, y el super, donde hago mis compras, donde dialogo con frecuencia con otras personas que tienen la suerte, como tú y como yo, de mirar como pasa la vida… de observar situaciones, semblantes que descubren sus dramas o alegrías, su crispación o templanza, sus miedos o sus decisiones de no tenerlos, sus privilegios frente a millones de desgraciados, despreciados, sometidos……
Y al ver las evoluciones de la paloma, de mi paloma, sin acobardarse por las corridas de los niños, volviendo una y otra vez, al lugar donde encuentra su sustento… incansable creadora de vida, arrullándose en los tejados, robando las semillas de los balcones sin cerebro para pensar en sus desgracias, sin complejos por ser inválida, escuché el mensaje sabio y mudo, sin palabras rimbombantes ni rectoras, de una naturaleza que sólo palpita para no suspender el hálito de VIDA.


La revancha

Ya la tarde se esconde entre las nubes, que ocultan los colores de los rayos
de un sol que no quiere desprenderse de aquel bello horizonte anaranjado…
pareciera que allá en la lejanía, también existen guerras entre dueños
de los astros, las vides y los sueños, las canciones, las vidas y los páramos.

Poder, que dirige a las manadas, poder, que distribuye las miserias…
Poder, que no puede con lluvias, ni con roca que derriban los vientos.
¿Qué nube oscura que enceguece, envilece al ambicioso y necio?
¿Qué agua sal le miente que lo sacia, dejándolo sediento en el desierto?

¿Será el espejismo que la lluvia, emparentada con soles y silencio…
oculta sus ruindades e ignominias… a aquellos de corazones muertos?
¿Será que está cerca la justicia y para los sin palabras, en silencio
ya viene caminando la revancha… punto final a tanto sufrimiento…?


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¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu.
André Maurois

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