miércoles, 13 de junio de 2012

Julio Hernández

-Ituzaingó, Buenos Aires, Argentina-

Hoy

Amaneció con el éxodo de las golondrinas, de un otoño que se encierra en el invierno. De una vida que se escapa, primaveras ignoradas, sueños que no se alcanzan, que se pierden en los tiempos.
De pronto, sin quererlo, lentamente llega el frío, ¿Cómo lograr un almanaque que camine en retroceso? ¿O iluminar esa sombra que avanza sin que la vea, aunque la siento por dentro?
Segismundo prisionero, en la torre lo predijo. Si la vida es un sueño ¿Por qué despertar de pronto? ¿Por qué no seguir soñando sin tiempos?
Hoy es un día triste, la utopía se revela, se acaban las fantasías, la ilusión y las quimeras. Pero aún no me resigno, quiero cosechas de sueños, las he sembrado en la vida, las ha regado mi aliento.
No quiero que la tristeza derrumbe lo edificado, que las visiones que tuve se disuelvan sin lamento, que quede sólo de mí lo que no tuve y deseo.
Cual trompeta con sordina me caminó la vida, en la creencia que yo era quien la caminaba. Ella siempre corre, corre. Corre sin descanso con sus zapatillas nuevas. Viejas y gastadas, de las suelas de las mías cae la esperanza a pedazos y polvo de sueños dispersos. Pero, en fin, parado la veo pasar.
Mi fuerza interna decae. La existencia es sutil, para decir hasta dónde.
Cuando en la noche despierto, observo a mi mujer que duerme con la paz del agradecido, y la envidio, porque en mi unión de alma y cuerpo hay ambiciones quebradas.
Hablar ya de un futuro es divague bizantino, porque el reloj es sentencia y el almanaque testigo.


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La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo.
Napoleón Bonaparte

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