viernes, 11 de noviembre de 2011

Áurea López Quiles

-Alicante, España-

Desierto


Desierto humano el nuestro:
escondiéndonos entre las ruinas
de lo que fuimos o seremos,
lo mismo da,
de la desnudez huyendo,
la desnudez donde nos difuminamos,
donde no nos queda nada.


Lenta caravana

Lenta caravana
de meses sin agua,
siguen los camellos.
Aguantan sin prisa,
aguantan sin lágrimas,
sin una caricia.
Se movió la arena,
con formas geométricas
dunas y oquedades.
Lenta en el desierto,
lenta caravana,
lentos los camellos,
calor y viento,
y sin agua.
Y en medio de todo,
el brocal del pozo,
el riego gotea
entre plantaciones
y la casa en sombra.


Son dos

La tierra fina en los costados
precipitándose desde los cuerpos.
Tumbados hay dos,
se quiebran, se funden.
Se desliza suave,
se evade dorada,
reparte perfecta
en luces y sombras,
colinas y valles,
oscura y brillante
por todos los huecos
cayendo la arena.
Los ojos cerrados,
confusos jugando,
rodando son dos,
dos tan solo
en única explosión.


Del sólido al gaseoso

Es el roce primero,
el que da paso al líquido
y a los olores luego,
junto con el quejido,
que no es el del dolor,
pero sí su contrario,
mezclando soplido y suspiro
estalla con un grito
que la ventana empaña,
del sólido del cuerpo
al líquido entre telas
y con el vapor expira.
A ver si lo adivinas.

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Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar.
Federico García Lorca

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Analía Pascaner