lunes, 19 de septiembre de 2011

Eduardo González Viaña

-Nacido en Chepén, Perú. Reside en Oregón, Estados Unidos-

La estrella errante


Aquella noche, vimos una luz azul que volaba de un extremo al otro el cielo de los Andes. Mi amiga tenía quince años y me pidió que cerrara los ojos y que nos fuéramos juntos en esa estrella errante, para que nadie pudiera separarnos jamás hasta el tiempo del fin del mundo.

Han pasado muchos años desde entonces, y nuestras casas se levantan separadas en uno y otro extremo del continente, pero cuando alguien trata de mirarnos, no alcanza por completo a vernos en ellas. Es como si no estuviéramos allí, y cuando cierro los ojos, siento sobre ellos una implacable luz celeste, un vuelo de vértigo y un corazón asustado que late y vuela con el mío hasta la hora del fin del mundo.


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No hay mejor medida de lo que una persona es que lo que hace cuando tiene completa libertad de elegir.
William Bulger


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2 comentarios:

  1. Fresca y poética, qué agradable historia de amor, te felicito, Eduardo.
    Un abrazo
    Betty

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  2. Gracias querida Betty
    Mi abrazo
    Analía

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Analía Pascaner