jueves, 16 de junio de 2011

Virginia Segret Mouro

-Banfield, Buenos Aires, Argentina-

Tango nocturno
para el bandoneón de Taio

Tocame un tango, Taio.
Un tango desconocido.
Una provocación inquietante.

Todo acorde tuyo desgarra
las amapolas desdeñosas de la intemperie.

Tocame un tango, Taio.
Un tango imposible.
Un tango de sudestada en el río.
Una inundación incesante
que encrespe el límite vacilante
entre la piel de la noche
y el tuétano sangrante de los vinos.

Traeme acá tu bandoneón temblón,
que nos va de trinchera
la noche y sus lagartos y vigías.

Llename de aluvión de tango, Taio.

Tu música,
en el embrujo de esta noche
descampadamente azul,
tatuada con sus propias estrellas.

Para esta mirada que deshila
la penumbra insolente,
tango.
Para tanta extrañeza poseída
por el privilegio del secreto,
tango.
Para esta trashumante
acodada en el filo del iris de su gato,
el temblor de ese beso.

El temblor de tu fueye adolescente,
Taio.


Tango encordado para una lágrima
de tu violoncello

…………………………………A mi hermano, en el teatro Alvear

No sé si llora mieles o se deja andar de miel y de abandono.
Otoño y la luna se violenta en su guante escarlata.
Otoño y es de noche y uno busca el corazón.

Lo escucho. Gemidor. Desamarrado.
Desenhebra el silencio y lo hace trizas.
Lo siento. Va de solo en un tango.
Y podría decir que remolinos de abejas
hienden el aire casi negro del teatro.

Es un ruego infinito, un beso trágico.

Se alarga. Se extiende por el guante azul azul
del escenario, sospechoso de amor en contrabando.
Tiembla tu mano y yo soy la furtiva pasajera
del dulcísimo acorde, la que sueña en el lamento
de la nota, sentada en mi butaca de terciopelo escarlata.

Es otoño y hace frío. Y uno busca el corazón.


Tango al sabor de los helados
que vendían en la Panadería Ortiz
del barrio San Cristóbal

Era
con el amor ligero de los
grillos saltarines
que los zapatitos voladores
hallaban el atajo
y aterrizaban
en la Panadería Ortiz
y bailaban
firuleteando
en el dibujo de las baldosas calcáreas
de la Gran Panadería
que en la calle Cevallos
vendía los helados
que ciertos tórridos veranos
finalmente devoraron.

Desprevenido cataclismo para siempre.


Del libro Con bandoneón, Editorial “Tenía razón el malón”, 2009

*************************************************************
La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta la melodía sin palabras, que nunca cesa.
Emily Dickinson


*************************************************************

9 comentarios:

  1. Ignacio Giancaspro17 de junio de 2011, 23:54

    Que belleza de poemas Virgi, en cada lectura de ellos se descubren nuevos mundos poéticos, de una sagrada voluptuosidad, y una contenida y profunda emoción, además de una elegancia que asombra. si como me dijo alquien una vez "la poesía es la forma mas fina de la inteligencia" tus poemas son una acbada prueba de ello.
    Gracias por tu marvillosa poesía.
    Gracias Analía por este regalo.
    Ignacio

    ResponderEliminar
  2. Me hace muy feliz tu comentario, Ignacio. Ya se sabe: la poesía existe en la medida en que se dice, se lee. Gracias, Analía, por haberme incluido en tu hermoso blog. Mi fuerte abrazo para ambos. Virgi S. Mouro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Virginia...soy cubano, hace unos días conocí a un señor, amigo suyo, aquí en Ecuador y que perdió el contacto con Ud, tiene uno de sus libros dedicado...cuando me dijo que era escritora y escribe bellos poemas, anote su nombre y aquí estoy...solo quería compartir mi amistad y nada mejor que hacerlo a lo poeta....mi dirección de correo es vosney@yahoo.com Por si quisiera contactarme, cuando vea a su amigo nuevamente le digo que leí algunas de sus poesías...A falta de un saludo más cercano le dejo mis versos como apretón de mano.
      Pendiente abajo lo inmenso
      saberme cruel no me alcanza
      divido en tres la balanza
      mezclo la piel para el lienzo
      me voy conmigo a lo intenso
      de la sonrisa que ansío
      y una mirada al vacío
      de mis ojos adivina
      que somos sombra en la ruina
      de un trozo ahogado del río.

      Salud y paz Virginia..

      Eliminar
    2. Gracias por tus conceptos, Osney. Seguramente Virgina leerá tus palabras.
      Saludos cordiales y mis deseos de días plenos
      Analía Pascaner
      Directora de la revista con voz propia

      Eliminar
  3. Hermosos poemas, un gusto leerte Virginia, saludos, Gus.

    ResponderEliminar
  4. Queridos Ignacio y Gus:
    Muchas gracias por sus apreciaciones acerca de los textos de esta poeta.

    Querida Virginia:
    Es un gusto contar con tus sentidos poemas con sabor a tango. Me dio gusto conocerte.

    Mi abrazo y mis buenos deseos para los tres
    Analía

    ResponderEliminar
  5. Queridas Viriginia y Analía: gracias por ete hermoso presente que son los poemas de Virginia, su tono porteño y emblemático de una época, una ciudad, una nostalgia profunda, lugares entrañables en los que nos reconocemos.
    Un beso grande de Irene Marks

    ResponderEliminar
  6. Gracias a vos, querida Irene, por palabras precisas y reconfortantes.
    Mi abrazo y mis buenos deseos
    Analía

    ResponderEliminar

Muchas gracias por pasar por aquí.
Deseo hayas disfrutado de los textos seleccionados en esta revista literaria digital.
Saludos cordiales
Analía Pascaner