-Banfield, Buenos Aires, Argentina-
Tango nocturno
para el bandoneón de Taio
Tocame un tango, Taio.
Un tango desconocido.
Una provocación inquietante.
Todo acorde tuyo desgarra
las amapolas desdeñosas de la intemperie.
Tocame un tango, Taio.
Un tango imposible.
Un tango de sudestada en el río.
Una inundación incesante
que encrespe el límite vacilante
entre la piel de la noche
y el tuétano sangrante de los vinos.
Traeme acá tu bandoneón temblón,
que nos va de trinchera
la noche y sus lagartos y vigías.
Llename de aluvión de tango, Taio.
Tu música,
en el embrujo de esta noche
descampadamente azul,
tatuada con sus propias estrellas.
Para esta mirada que deshila
la penumbra insolente,
tango.
Para tanta extrañeza poseída
por el privilegio del secreto,
tango.
Para esta trashumante
acodada en el filo del iris de su gato,
el temblor de ese beso.
El temblor de tu fueye adolescente,
Taio.
Tango encordado para una lágrima
de tu violoncello
…………………………………A mi hermano, en el teatro Alvear
No sé si llora mieles o se deja andar de miel y de abandono.
Otoño y la luna se violenta en su guante escarlata.
Otoño y es de noche y uno busca el corazón.
Lo escucho. Gemidor. Desamarrado.
Desenhebra el silencio y lo hace trizas.
Lo siento. Va de solo en un tango.
Y podría decir que remolinos de abejas
hienden el aire casi negro del teatro.
Es un ruego infinito, un beso trágico.
Se alarga. Se extiende por el guante azul azul
del escenario, sospechoso de amor en contrabando.
Tiembla tu mano y yo soy la furtiva pasajera
del dulcísimo acorde, la que sueña en el lamento
de la nota, sentada en mi butaca de terciopelo escarlata.
Es otoño y hace frío. Y uno busca el corazón.
Tango al sabor de los helados
que vendían en la Panadería Ortiz
del barrio San Cristóbal
Era
con el amor ligero de los
grillos saltarines
que los zapatitos voladores
hallaban el atajo
y aterrizaban
en la Panadería Ortiz
y bailaban
firuleteando
en el dibujo de las baldosas calcáreas
de la Gran Panadería
que en la calle Cevallos
vendía los helados
que ciertos tórridos veranos
finalmente devoraron.
Desprevenido cataclismo para siempre.
Del libro Con bandoneón, Editorial “Tenía razón el malón”, 2009
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La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta la melodía sin palabras, que nunca cesa.
Emily Dickinson
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jueves 16 de junio de 2011
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Que belleza de poemas Virgi, en cada lectura de ellos se descubren nuevos mundos poéticos, de una sagrada voluptuosidad, y una contenida y profunda emoción, además de una elegancia que asombra. si como me dijo alquien una vez "la poesía es la forma mas fina de la inteligencia" tus poemas son una acbada prueba de ello.
ResponderSuprimirGracias por tu marvillosa poesía.
Gracias Analía por este regalo.
Ignacio
Me hace muy feliz tu comentario, Ignacio. Ya se sabe: la poesía existe en la medida en que se dice, se lee. Gracias, Analía, por haberme incluido en tu hermoso blog. Mi fuerte abrazo para ambos. Virgi S. Mouro
ResponderSuprimirHermosos poemas, un gusto leerte Virginia, saludos, Gus.
ResponderSuprimirQueridos Ignacio y Gus:
ResponderSuprimirMuchas gracias por sus apreciaciones acerca de los textos de esta poeta.
Querida Virginia:
Es un gusto contar con tus sentidos poemas con sabor a tango. Me dio gusto conocerte.
Mi abrazo y mis buenos deseos para los tres
Analía
Queridas Viriginia y Analía: gracias por ete hermoso presente que son los poemas de Virginia, su tono porteño y emblemático de una época, una ciudad, una nostalgia profunda, lugares entrañables en los que nos reconocemos.
ResponderSuprimirUn beso grande de Irene Marks
Gracias a vos, querida Irene, por palabras precisas y reconfortantes.
ResponderSuprimirMi abrazo y mis buenos deseos
Analía