jueves, 11 de febrero de 2010

Rosa Beatriz Valdez

-Catamarca, Argentina-

La araucaria


Tenía yo ocho años cuando mi padre te plantó en el patio. Fuimos creciendo juntas: tú, esbelta y con el tronco recto como un mástil, buscabas a Dios en el azul. En tus ramas anidan los “quechupais” y las flores del aire. En las siestas de estío te adormeces con el chirriar de los “coyuyos” y recuerdo qué hermosa estabas cuando en vísperas de Navidad yo te engalanaba con globos de colores y guirnaldas.
Pero pasaron los años y muchas veces han querido talarte. Dice papá: “Este árbol ha crecido tanto que ya ocupa todo el patio”. Y mamá -cansada de escoba y rastrillo- reniega al barrer tus hojitas doradas. “¡Esta planta es un peligro!- dice mi hijo- ¡Hay que hacharla, porque un día de viento puede aplastar la casa!”
Sólo yo te defiendo, compañera de infancia, porque quiero que mis nietos jueguen bajo tu sombra. Angustiada pienso: “¿Qué pasará cuando nos quedemos sin árboles? ¿Dónde anidarán las aves? Temo que algún día los niños me pregunten: “Abuelita, ¿qué cosa eran los pájaros?”


Argentinosaurus

Cuando el paleontólogo despertó, se puso a trabajar inmediatamente. Había soñado el sitio exacto donde debía excavar. Después de una ardua jornada, encontró un enorme huevo de Argentinosaurus. Este importante descubrimiento científico sirvió también para demostrar la cultura de “Su” -la diva de la televisión argentina- cuando, enterada del hallazgo del fósil, sorprendió a la audiencia al preguntar: “¡¿Vivo?!”


Pura magia

………………………A Antonio Cruz

–Nada por aquí…nada por allá -dice el ilusionista tocando con la varita mágica la caja de vidrio rectangular, cubierta con un pañuelo rojo.
Hace una inclinación de cabeza frente al expectante público, se arremanga los puños de la levita y muestra el interior de la galera: “Nada por aquí… nada por allá”.
Al retirar el paño de seda, aparece un pez azul de ondulante cola tornasolada, que nada por aquí y nada por allá entre las algas de la pequeña pecera.


Amor fogoso

………………………A Ana María Mopty de Kiorcheff

Harta del encierro en palacio, esperando la llegada del Príncipe Azul, la princesa decidió dar un paseo por los alrededores. Al llegar al jardín de senderos que se bifurcan vio allá a lo lejos, en la continuidad de los parques, una figura que se acercaba.
Como era un poco corta de vista, más que ver imaginó a un apuesto mancebo montado en brioso corcel. Loca de alegría comenzó a canturrear:

“Dame fuego,
dame, dame fuego,
dame el fuego de tu amor…”

–Serás complacida -dijo el dragón- y la convirtió en cenizas.


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No te acerques a una cabra por delante, a un caballo por detrás, y a un tonto por ningún lado.
Proverbio judío


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Analía Pascaner