jueves, 11 de febrero de 2010

María Fabiana Calderari

-Santiago del Estero, Argentina-

Circo inverso

El famoso circo Comédie aterrizó en la ciudad a mediados de enero, instalándose en un baldío de la zona sur. Aquel armatoste policromo reunió a todos los personajes del lugar. Los payasos llegaron entusiastas, con sus trajes calandrados y las graciosas narices. Se ubicaron en los asientos de las primeras filas. Cargando famélicos animales domesticados, arribaron los domadores. Sus torsos desnudos ensombrecían la figura esmirriada de los trapecistas. Ocuparon, unos y otros, las gradas más altas ubicadas en la carpa.
Algunos enanos escabullidos por debajo de los toldos, se distraían enmelándose con copos de azúcar. El anfitrión del espectáculo, un mago lenguaraz, inauguró la ceremonia. Lentamente el jolgorio expandía un contagioso embobamiento. Los aplausos estruendosos resonaban como viento, instando el comienzo del entretenimiento.
En medio del escenario, sumido en la más profunda soledad, el público. Monótono. Sin destrezas. Encarcelado en sus máscaras. Esbozando insulsas sonrisas.
Las ovaciones se convirtieron en chiflidos inarmónicos. Los espectadores se retiraron desconcertados, ante el fracaso de la función.
-Esta gente ha perdido la magia de mostrarse tal cual es -observó un conejo saltando de su galera. Una contorsionista anciana, conocida por sus facultades intuitivas, exclamó frunciendo el ceño: -¡Públicos, eran los de antes!

3º Premio del Certamen Literario Regional de Narrativa y Poesía del Diario El Liberal, Santiago del Estero


El otro

Lo persiguen a él. Las sirenas de los vehículos de la policía han cesado y finalmente he logrado desorientarlos. Hace días que huimos. Ahora parece dormido.
Quizá huir sea una manera de bifurcar el destino, de evitar confrontarlo, o ignorarlo. Me cuestiono la razón de tantos crímenes para saciar un apetito intenso y torcido; y luego me apena su fragilidad, las lágrimas, me conmueve su arrepentimiento.
Será reconfortante descansar durante esta noche en un hotel.
Despierto en una extraña habitación, con las manos esposadas y mi ropa manchada. Estoy sentado frente a un policía y un hombre de guardapolvo blanco mueve sus labios interrogándome. No logro escucharlo. Él me grita que les explique que no fui yo.


El museo

Me abofeteó sin titubear. Fue una ráfaga que penetró la mejilla humedeciendo los ojos hasta enterrarse en mi pecho. Sólo la había tocado con el índice.
Apenas me ausenté unas horas. Había acompañado a mi mejor amigo al museo. Su padre resultó un guía asombroso. Quedamos boquiabiertos con las muestras que condensaban vidas apasionantes de héroes y villanos, de pueblos y espadas.
Al final de un corredor angosto y lúgubre, se recreaba una famosa batalla. Nos asustamos cuando descubrimos unos soldados con uniformes raídos que estaban vivos. Acercándonos, nuestro guía nos explicó porqué no debíamos temer.
Al llegar a casa, busqué a mi madre. La encontré sentada en la reposera junto a la piscina. -Pareces de cera- añadí, y me cayó esa ráfaga.


El enigma

En una esquina, un hombre se restregaba la barba desarreglada y sostenía un móvil entre su oreja derecha y el hombro, mediante una leve presión; le abultaba un portafolio de cuero en la otra mano. Tropezó súbitamente. Un perfume delicado desapareció arrastrando sonrisas. Los papeles del portafolio y la indiferencia se dispersaron en el aire de la mañana. Dos pares de pantalones recogidos y malolientes se echaron a correr, uno de ellos con el móvil en el bolsillo. El hedor sin rastros y la impotencia, del mismo modo, se acoplaron al aire de la tarde.
-Se se los vendo- tartamudeaba un niño descalzo, irrumpiendo el diálogo de dos muchachos, en un barrio hambriento.
En otra esquina anochecida, una meretriz tarareaba la música que colgaba de sus oídos. Sus caderas escondían la trocatinta de un móvil.
Del más allá, una voz inaudible comenta la historia: (La humanidad en miniatura resulta un enigma demasiado complejo, quizá por ser el hombre parte del mismo)


…………Textos tomados del blog de la autora: http://facalderari.blogspot.com/

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Ella era tan profunda que en su casa en lugar de sala de estar tenía sala de ser.
Cristina Villanueva

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