lunes, 16 de noviembre de 2009

Luis Alberto Taborda

-Tinogasta, provincia de Catamarca, Argentina-

Palabras leídas en la apertura de la Sexta Feria del Libro de Catamarca, octubre de 2009

Con dichosa fatalidad, quizá debamos empezar estas palabras recurriendo a Luis Franco, poeta y escritor por antonomasia de esta provincia. Dice en su Pequeño Diccionario de la Desobediencia que el polvo de las bibliotecas y museos, más sutil que el de las tumbas, es malo para los pulmones y también para el espíritu.
Ya nos deja así, este belicho genial, planteada una tarea a la que, entre todos, debemos atender: desempolvar la cultura. Este señalamiento de Franco fue pronunciado hace varias décadas. Y aún continúa vigente como propuesta y como desafío. Y fue dicho con todas las letras, con una intención plenaria, dirigida a las personas competentes y responsables de todos estos asuntos.
¿Qué es desempolvar la cultura? Quitarle el polvillo que la recubre, por un lado, sin duda: ese polvillo de lo formal, lo aburrido, lo solemne, lo reiterativo, lo burocrático, lo menor y poco trascendente, lo anecdótico pasajero. Y devolverle el brillo y resplandor que le corresponde, por otro lado. Y este es precisamente el punto. Recuperar, al menos como propósito, una cultura viva, indagadora, acuciante, provocadora, convocante, nuestra, con tonada y acento catamarqueños, aunque sin renunciar jamás a la universalidad que compete a toda obra del espíritu humano.
Y por sobre todo, y digo esto a partir de una experiencia de más de dos décadas como escritor e investigador, una cultura que se constituya en un verdadero eje de integración y desenvolvimiento de todo el potencial que encierra nuestra sociedad. Articular las regiones, acercar a los protagonistas, proporcionar medios de expresión a los talentosos, sembrar inquietudes, aupar iniciativas, generar debates… todo esto es provechoso y necesario.
Los escritores vemos a la Feria del Libro como un gran instrumento que como concepto es positivo, aunque debe mejorar mucho todavía en la práctica. Deben estar presentes todas las editoriales y editores locales. Todos los grupos, instituciones, tendencias y autores. Todas las obras que significan el fruto de un esfuerzo silencioso y prolongado. Debe estar presente, también, el reconocimiento, el galardón y el estímulo a los creadores vivos y a los promotores culturales. A los que se constituyen como hacedores infatigables de un quehacer que no es fácil y que mucho enriquece a las ciudades y pueblos.
En plan de enumerar todavía medidas concretas tendientes al objetivo antedicho, podríamos decir lo que de manera reiterada diversos sectores han venido planteando: la conveniencia de una Ley de Fomento a las Industrias culturales; de una Ley de promoción del Libro catamarqueño; la generación de una agenda de eventos permanente e integradora; el apoyo a la formación de más Bibliotecas populares; una intervención más activa de la Universidad en materia cultural en relación con todo el ámbito provincial, entre otras.
En mi ciudad de residencia, Tinogasta, por ejemplo, todo lo enunciado sería positivo y tendría significado. Y asimismo, a lo que conozco, en cualquier otra localidad del interior pasaría lo mismo. Por donde miremos, Catamarca es rica en expresiones culturales. Desde lo profundo mismo de su historia, los pueblos originarios nos legaron una matriz insuperable: el amor por el pequeño detalle, por el matiz, en donde quedó plasmada una idea finísima de arte, desbordante de amor y de inteligencia.
El aporte castizo, a través del mestizaje, sumó a la tonada india la riqueza y expresividad de la lengua española. Juan Alfonso Carrizo, eximio conocedor de todo esto, levantó a través del registro oral de la copla lo que constituye un verdadero monumento a la cultura popular. Otras voces y otros intereses, en épocas más recientes, terminaron por actualizar el perfil de lo que es hoy nuestra provincia.
En fin, todo suma, todo añade a un crecimiento que como pueblo nos debemos. Instalar a Catamarca como polo cultural del Noroeste. Con sus escritores, músicos, plásticos, escultores, artesanos. Unirnos en lo común y en lo importante. Aprender a descifrar a través de los diversos un lenguaje que nos comunique y nos permita proyectar y recrear nuestra identidad. Sólo así seremos dignos herederos de los maestros de todos los tiempos. A lo largo de un hilo de oro que una a aquel primer artesano tallando y puliendo ensimismado en el silencio inmemorial de su valle, con el último jovencito renovador de hoy que busca explorar una forma personal para hacer o decir, abriendo su nuevo y propio camino.
Los herederos decimos, en todo su sentido, porque una herencia supone un patrimonio cierto y un legado constante. Y, por otro lado, un hombre dispuesto a aceptarlo y recibirlo como parte suya. Para lograr, por esa síntesis, una cultura viva, palpitante, capaz de aunar en espacio y tiempo a todos los catamarqueños. Porque quien vive de las cosas vivas está vivo de veras y en ellas halla fácilmente encarnaciones o símbolos de sus emociones y pensamientos más secretos. La cita, como no podía ser de otra manera, es, una vez más, de Luis Franco.


Luis Alberto Taborda nació en La Rioja. Reside en Tinogasta desde 1984, lugar que él eligió (y lo eligió a él) para ejercer la docencia y diversas actividades de carácter cultural y de otro tipo.


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La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.
Marco Tulio Cicerón


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