viernes, 25 de septiembre de 2009

Joan Mateu

-Escritor nacido en Girona. Reside en Barcelona, España-

La estrategia

Llevaba más de tres semanas comiendo compulsivamente. Devoraba un desayuno copioso, a media mañana se sentaba a comer un plato de legumbres y algo de carne, sobre las dos hacía una comida fuerte, y llegaba a la cena después de haber pasado por una merienda de cuchillo y tenedor. Entremedio picoteaba cosas como chocolate, pistachos, regaliz y galletas.
Había engordado de una forma escandalosa y no tenía hambre. Aún a así se forzaba a seguir comiendo, con una determinación a toda prueba y con un miedo que aumentaba día a día en consonancia con su peso.
Faltaban pocas noches y seguía con su dieta de sobrealimentación, con la esperanza de que, de esta manera, podría hacer frente al problema.
Llegó la noche temida. Otra noche de luna llena, otra maldita noche. Mientras se iba transformando y se le curvaba la espalda, le crecían los dientes y le salía aquel pelo áspero, empezaba a sentir hambre. Sentía hambre a pesar de haber comido como un cerdo durante todo el mes. La estrategia ha fallado.


Hojas muertas

Cuando amaneció, el bosque era un gran cementerio. Nadie sabía el motivo de tanta mortandad. Los árboles estaban caídos unos sobre otros en una informe montaña de cadáveres. Hablaban de una guerra nuclear, algunos de un ataque con pesticidas, otros simplemente se horrorizaban en silencio.
Sin embargo todo el mundo sabía que eso podía pasar porque año tras año, el bosque iba avisando. Cada otoño las hojas caían de los árboles dejándolos desnudos. Era el cementerio de las hojas muertas. Era el aviso. Sólo era cuestión de tiempo que también los árboles murieran.


La Cenicienta

Cenicienta fue multada por dejar cristales en la escalera y calabazas en la calle. Se la tachó de incívica por no reciclar y de impuntual, pero lo que nadie le perdonó es que cambiara los delicados zapatos de cristal por una deportivas Nike.
A ella, eso no le importó porque cobró un porcentaje sobre las ventas.


Crítica literaria

Sus cuentos son sencillos, sugerentes y fáciles de leer. Tienen algunos errores ortográficos que deben ser debidos a la prisa en escribirlos y algún defecto de forma, pero eso no quita la calidad que subyace. El desarrollo de la historia a veces se complica en cuanto que mezcla acciones actuales con cosas pasadas en tiempos anteriores, pero debe tratarse de una licencia que adopta. A mí, personalmente me gustan, aunque los personajes no son creíbles y se complica mezclando historias de varios a la vez que son inconexos. Podría ponerle “peros” a los argumentos que a veces pecan de poco cuidados y no se entienden del todo, pero en líneas generales no están mal. Es cierto que parece que haya algún plagio en alguno de ellos, pero sinceramente, a mí no me disgustan en general. Son leíbles. Bueno, que tampoco hay que ser demasiado exigentes…

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Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja.
Proverbio italiano


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Analía Pascaner