lunes, 24 de agosto de 2009

Olga Ravelli

-Buenos Aires, Argentina-

Extensiones de los ojos
...............................(Espejo y cuerpo)

Tengo que hablar de mi cuerpo.
Mi cuerpo tiene rollos de grasa.
Inflamaciones de ternura y lujuria.
Manchas azules de várices en las piernas
y moretones violáceos que suben como racimos de uvas
hasta mi entrepierna.
Las estrías de los hijos, y los maridos, y los amantes y tantos cambios políticos-sociales.
La muchedumbre vagó por mis latifundios de piel.
Celebro ser tan gorda y tan deforme. Aunque quisiera ser más hija de puta.
Con los hijos, los maridos y los amantes. Con el sistema.
Celebro mi cara sin marcas, sin cicatrices, con alguna inocencia.
Tengo una boca grande e irreverente.
Me la tendría que coser, a veces, para no decir todo lo que veo.
¿Que me describa...? ¿Yo?
¿Con palabras? ¿Sin mirarme al espejo?
¿Esa imagen que veo y aquella que contrastan otros ojos?
Mi cuerpo tiene marcas, y me encuentro muy a gusto.
La piel no se siente como una carga.
No soy un papiro egipcio del siglo quinto AC.
La piel es la única vieja manta que con el tiempo abriga más.
Mi cuerpo es un estuche hecho de roble que tiene huellas y olor a vida
Es mi refugio, por ahora.
Es algo que protejo como un hijo.
Le demando caminos.
Descubro que puedo confiar.


Serenata a mis cosas
...............................(A todos los perseguidos)

Hay paquetes de cigarrillos abiertos por todos los rincones
a veces están vacíos.
Poemas a medio hacer y
lapiceras que no tienen tinta,
desordenan mi vicio de poesía.
Tengo un cactus apoyado en la ventana,
crece a lo pavote.
Tengo un perro debajo de la mesa,
está ahí para apoyar su hocico húmedo sobre mi pie izquierdo.
La mariposa con alas rosas y brillantina que adorna el cactus se mueve con el viento.
El cactus tiene cuatro pequeños penachos sobre su cabeza que lo hacen parecerse a un indio emplumado.
Yo busco entre tantos pequeños objetos que me rodean el encendedor,
termino con los fósforos de la cocina.
Mi perro espera que mi pie se acomode,
y en la ventana el cactus,
quieto,
espera que algún rayo de sol le permita sentirse más a gusto.
Ahora está nublado,
fumo,
el perro me acaricia con su lengua
mi mirada vuela sobre el aleteo de la mariposa de seda de la ventana,
y mi mano
se extiende buscando algo que no puedo encontrar.


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El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.
Proverbio chino

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Analía Pascaner