jueves, 3 de enero de 2008

Miguel Crispín Sotomayor

Inocencia perdida

¿Qué tiene de poesía recordarte?
¿Qué queda en tu interior
que a estas alturas te detienes
a pensar en aquel día?
¿Qué esperas que recuerde,
además de tu risa navegando en el aire
o el paseo de tus ojos en carrusel?
Si, puedo recordar más:
Unos ojos perdidos. Porque la realidad,
como siempre, se impuso
y volaron los sueños, se volvieron divisa
para darte tu precio.

Luego, te vi volar solemnemente
flotando como una mariposa
como una abeja reina en su vuelo nupcial,
pero nunca creí lo que veía.

¿Después? Bueno, ya después no existías.

Rocinante galopa sin jinete

Cuando campana y campanero se disputan
la asistencia de más o menos feligreses.
Cuando las ratas corren al maullido del gato.
Cuando la calma contiene indiferencia
y se traga la palabra rebeldía.
Cuando el amigo se transforma en moneda.
Cuando amantes aman,
según la plata que promete el bolsillo.
Cuando simulo alegría, mientras rabio
con más rabia la impotencia.
Cuando todo está bien y mucho anda mal
y viro la cara para no ver.
Cuando me importa un bledo
comer y otros no coman,
vestir y otros desnudos,
techarme y otros a pleno sol, lluvia
y sereno:
Es que el Quijote ha muerto.
Rocinante galopa sin jinete.

Alba y Ocaso

Te siento lejos.
Perdida entre cielo y mar.
Desnuda la memoria
y tú desnuda.
Con estrellas en los senos
y la noche por vestido.
Yo sigo siendo la tarde
y tú el amanecer.

Reproche

Cuando crees llegar
se hunde el camino
el fango alcanza el cuello
casi la boca casi la lengua.
Cuántos tacones y suelas gastados.
Cuántas gotas de sudor. Cuántas horas de sueño.
Cuántas vidas.
Todavía miro y escucho: Fuego.
Veo
los cuerpos caer
las telas negras
la muñeca corriendo camino a la orfandad
prendida de la viuda anticipada.
Y sigo anclado
como otros más.

Miguel Crispín Sotomayor – Cuba

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A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás le dijo el Maestro: Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra.
Anthony de Mello


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