miércoles, 5 de diciembre de 2007

Alfredo Luna

ese mediodía de enero

hechas con pedazos de hogaza y hambre
quiero todas mis voces que pugnan por brotar al amanecer,
las que aguardan en el corazón izquierdo
las que me acechan por el puño derecho.

esas palabras incandescentes con el sopor de mi voz:
nada más que esos sonidos perversos que me denuncian;
mi rostro de hurón en fuga, mi sangre de río sin memoria
o quien quiera que yo sea.

aunque tenga el alma llena de vacío,
no me dejes hablar, madre
también escúchame.

Del libro Los fuegos prometidos

en la colina

cuando esta aproximación
es sólo el estallido de los cuerpos
la nostalgia dice
el dolor que ocupamos.

Del libro Los días demorados

ejercicio respiratorio para el ave nocturna

ha emigrado el ave
porque éste ya no es el espacio de los riquísimos frutos.

aquí no hay nada
ni más que el amargo desierto de los otros días;
la luna negra y esta vieja sangre descomunal.

en las altas cumbres del amor
ofreciste el fascinante suplicio de tu boca
y una brizna de ternura en el frágil altar de tu pelvis


oye, roedor del corazón: háblame de mí,
de tanta ceniza atrapada en mi cuerpo
de tanta espera vacía, del cielo, que no existe.

Del libro Los fuegos prometidos

les adieux
.................................para mi mascota, Luna de la calle

esta rebelde melancolía tiene torpes fisuras:
son las certezas de otro paraíso.

hermana mía en el destierro y la ventura:
dile a Dios que la sangre todavía cruje
en la palabra sangre y en mi cuerpo frío;
que ahora, aquí dentro y más hondo:

la ausencia es el viento venenoso que respiro
y te nombra en todos los rincones de esta intemperie.

Del libro Los fuegos prometidos

Alfredo Luna - Poeta catamarqueño residente en Buenos Aires

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La prueba suprema de virtud consiste en poseer un poder ilimitado sin abusar de él.
Thomas Macaulay


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