lunes, 9 de abril de 2007

Horacio Gómez

Ella

I


Anida en las sombras que alguna vez
fueron dejadas de lado por los vértices.
Ella lo sabe.

Su rítmico suspiro
acaba por desarticular los interrogantes.
Corrige los recuerdos buceando
entre las sinuosas formas del absoluto.
También lo sabe.
Recoge los misterios y se evapora.
Nunca llovió en su ventana.
Ella jamás lo supo.


II


Se deslizó del escaparate como una esfinge
deshojada en lágrimas.
Desplegó la madrugada
sin proponerse el olvido
con la calculada parsimonia de su cielo.
Dejó entrever que su brisa buscaba sólo
el murmullo prometido y calló.
Alguna vez sus labios protegieron
mi nombre.
Ella no estará mañana para liberarlo.


III

Sobre el mantel desgarrado
del estío
coloco sin prisa los harapos del tiempo.
Ejercicio inútil, profano.
El delirio clasifica los espejos a su antojo.
Pretende una recompensa de penumbras
para resucitar una y otra vez.
Seguiré excomulgando la noche hasta
que mis ojos
lo reconozcan.



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Siempre en nuestra vida hay algo que desearíamos no haber hecho. Pero cuando ya está hecho, lo único que podemos hacer es sacar del error cometido la enseñanza más favorable.
Ugo Betti

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1 comentario:

  1. Horacio me maravillan las metáforas que has usado en estos magníficos poemas.
    Un abrazo Gus.

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Analía Pascaner