domingo, 4 de marzo de 2007

Lady López Zepeda

Ciudades
(historia de una atrocidad)


“A ti Oaxaca;
por tus duelos y porque me dueles”.


I

Hay ciudades como ángeles caídos en derrota,
de muros y pájaros de arena,
con paisajes urbanos que callan al vuelo que perdura,
de ojos sangrantes y sombras de cenizas.
Ciudades con voces que se confrontan y gritan melancólicas,
con hombres de carne morena que se buscan en los muros del silencio.
Sí, son ciudades de palacios como ofrendas al olvido
y cuando el horizonte se diluye en el asfalto
sus niños lloran de hambre en las trincheras.
Son ciudades de fuego y de guerra
que la noche acecha, vigilante, como un ojo en exterminio.


II

Oaxaca de palomas negras y barro luminoso,
la esfinge se levanta sobre tus voces masacradas
en la triste noche de artificios.
Muro de aire que enarbola tempestades,
tu ciudad duerme cercada por el fuego
mientras Dios suspira desde su lecho
y te mira con espinas.
Ojos de alebrije destinados al olvido,
dueles porque eres la ciudad de las nieblas
y todo es silencio en tu sonrisa.
Tehuana, eres de luz y de claridad serena
cuando vistes una bandera de piel en llamas,
encrespada.


III

Pájaros de fuego sobrevuelan tus canteras,
mostaza para los hombres que denuncian
y lapidan tu cuerpo a contraolvido.
Sabes del caos que vive tu territorio,
sabes de la miseria, de los cantos de medianoche
y de la dulce esperanza por salvar a la bestia.
Las mujeres visten el cielo con sus textiles
y bordan estrellas mientras otros mueren.
Canto a tus duelos,
a tus dioses que duermen en Mitla
y a tus bosques que abrigan mi llanto.

A tres tiempos: octubre 29 y 30, noviembre 2, 2006.


Sin fronteras

Despojé mis ropas
y derramó el río.
Buscabas la hendidura del deseo,
donde todo se pierde

y te disipas en la nada.

Abrí el capullo en la noche ajena
destilaron los aromas,
deshojaste los pétalos,
aún florecía el otoño,
me hiciste tuya con la marea rota,
bajaste la cuesta por las calles claras
disipando las cadenas del naufragio.


Busco las cenizas de tu nombre
bordado de musgo en las sábanas blancas.
Se han deshilado los días de trigo
en el ceñido tiempo de la orilla.


Cercaron los surcos de las aves,
en mi piel se extinguen las tinieblas.
He perdido la línea del futuro
al posarme en el filo del vacío.


Algo se borra en la tarde abril,
el tiempo reposa en el reloj,

soy en ti, un diluvio sin fronteras.

Del libro Elipsis, Por la geografía de tu piel


Allí estaré

Recojo el camino de mis lágrimas
y allí estaré, a la hora exacta,
al encuentro con mi sombra,
descifrando el tiempo a hurtadillas,
buscando fragmentos en mis entrañas,
conjugando voces y verdades
en el límite de mis ancestros.

Soy la memoria de mis pasos,
el cauce de los mares,
la voz del arco en plenilunio
y cómplice de mi arquitectura.

El silencio es un pájaro de niebla
que se estremece en las orillas de mi cuerpo,
frágil como un puerto en llamas
o como un espectro que huye del invierno.

Abro los ojos a las ruinas
mientras advierto mi presencia.

Del libro Elipsis, Por otras geografías y lamentos

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Todo ser viviente parece esconder reservas incalculables. Pero sólo el hombre es capaz de ir más allá de su propia medida, aguantando lo que no aguantaría un ángel o un demonio, aunque para ello es fuerza perder la conciencia de la enormidad y el espanto de su situación, a fin de no enloquecer.
Luis Franco

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